Probablemente empecé a pensar todo esto mientras recorría la planta de esculturas clásicas del Louvre. O incluso antes, en la sala de escultura del Museo Nacional, en Estocolmo, donde la experimentación museográfica con diferentes iluminaciones a los bloques de mármol me hizo pensar a esos personajes desde diferentes ángulos.
¿Alguien se molestó en preguntarle a Perséfone si era más feliz con Ades en el inframundo que con su madre Deméter en las praderas? Ya sé que la onda de ese mito era explicar la estacionalidad de la tierra, pero Perséfone no termina ahí. Y es justo eso, una luz distinta sobre los personajes, la que revela nuevas rebabas y recovecos en su superficie. Incluso puede hacerla brillar tanto que uno puede reflejarse y reconocerse.
Algunas preguntas no encuentran respuesta en un plano puramente racional. La Filosofía ha recurrido al lenguaje del mito para aclarar cuestiones que nos angustian, como la muerte, el sufrimiento, el origen y el final del mundo, etc.
Los mitos me ofrecen la verdad de la imaginación tan individual como occidental como universal. Los prefiero sobre la verdad científica de argumentos racionales, cálculos y un discurso críptico que algunos iluminados convienen y entienden. YO soy una heroína, desobedezco a los dioses en mis impulsos EGOÍSTAS y lucho contra los monstruos de MI mente. Tengo un destino propio, y siento el llamado a descubrirlo.
Tal vez esa era la desesperación de la que hablaba hace unos meses. Tal vez esto será la única y mejor aplicación en primera persona de lo aprendido en mi clase de narratología –destinador :: destino-tarea :: destinatario. Sólo tengo una oportunidad para hacer las cosas bien; no quiero ser el Prometeo del inconsciente violado eternamente.
Elijo los mitos también porque expresan un inmenso e inmemoriable anhelo por encontrar sentido en una sociedad cada vez más secular… e igualmente susceptible a aglutinarse en torno a sectas y ondas new age. Prefiero estas historias clásicas que todos conocemos porque están presentes en todos –TODOS– los aspectos de nuestra vida cotidiana, pues fueron mitos los que facilitaron nuestro proceso de socialización infante, de acuerdo con Jung.
El universo mitológico me da para explorar múltiples radios del mundo, nunca neutrales. Porque es cierto eso de que “aquí aprendemos a reír con llanto y a llorar con carcajadas”, como recitaba mi amigo Pony en la primaria, en su majestuosa interpretación de un poema de Juan de Dios Peza. Tragedia y Comedia son dos caras de una misma moneda. La esencia de la vida es también dialéctica.

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