Hasta hace un año estaba bien segura de no querer tener hijos.
¿Para qué?, decía yo. Para que cuando crezcan me digan que quieren estudiar en el tec o que se quieren ir a Europa con sus amigos, o que para sus quince quiere usar un Cavalli?, nel, no gracias. Además, siempre he concebido mi vida al lado de alguien, en pareja, y la idea de los hijos interfería en esa visión… pero creo que no dejaría de ser esposa-compañera-whatever por convertirme en mamá. Qué hueva.
El caso es que después nació mi sobrino y lo he visto crecer durante año y medio, y ahora de verdad creo que vale la pena completa. No sólo quiero uno, sino dos, jaja. Yo tengo hermanos, y creo que son lo máximo. Aunque esta petición requiera un soborno biológico-metafísico-divino, me gustaría que fueran niños, bien traviesos, de esos que les levantan la falda a las niñas en la escuela y ponen lagartijas en los cajones del escritorio de la miss. Y los quiero tener joven, antes de los 30, para que todavía tenga la energía suficiente para jugar con ellos, y esté joven y bella cuando vaya a recogerlos a la primaria, y no les de pena decir quién es su mamá, jajaja.
Bueno, ya, esa fue la reflexion profundilla del mother’s day.
Ah, sí, sí… felicidades a las mamichis en su día.

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